La Felicidad es el Camino...

Mucho se dice y escribe acerca de la felicidad pero en nuestra cultura, esa condición parece ser una meta esquiva y muchas veces inalcanzable que se nos oculta cada vez más adelante en nuestro futuro o más atrás, quedando perdida en el pasado, para pocas veces y solo de manera fugaz o efímera manifestarse en el presente inmediato, siempre y cuando se cumpla también con una serie de condicionamientos que definen si se puede o no ser feliz.

En cuanto al momento de vivir la felicidad, existe una paradoja clara que se consiste de la creencia que dice que el pasado siempre fue mejor que el presente y que el futuro será mejor que el presente, de igual manera. Se recuerdan gratamente las situaciones del pasado y se desean las mieles que vendrán en el futuro pero el presente parece ser un momento yermo en el que no se puede vivir la felicidad plenamente. Pero la paradoja reside en que el pasado fue presente y el futuro también lo será. Entonces dicha felicidad pasada y futura, no será tal en el presente. Es esta una dinámica incapacitante en la que la añoranza y las expectativas anulan la experiencia en el aquí y el ahora.

No se supone que lo buenos recuerdos y los deseos optimistas sean negativos o adversos, en realidad son herramientas productivas que se pueden utilizar para la mejora de nuestra calidad de vida, pero no tiene sentido que vivamos exclusivamente la felicidad como una condición intangible, afincada en lo que pasó o en lo que va a pasar.

Por otra parte, hemos aprendido no únicamente a pasar por alto o postergar la felicidad en el presente, sino que también hemos aprendido a condicionar la felicidad desde tantos criterios agregados que difícilmente se puede vivir esta felicidad como un acontecimiento libre y voluntario en la vida. La felicidad material es un tipo de condicionamiento que supone que se llega a la felicidad por medio del tener, mejores y más objetos o accesos materiales. Este condicionamiento está asociado a la innovación, la tecnología y la moda, ya que siempre habrá algo mejor o más caro que tener y por lo tanto nunca se podrá ser completamente feliz. También existe la felicidad condicionada moralmente, otro tipo en el que se piensa que estar, o peor aún, ser feliz, es inmoral con tanto mal y sufrimiento que hay en el mundo. Este condicionamiento se parece a una culpa generalizada que impide que se viva plenamente la felicidad por que dicha condición ostenta una desconsideración a los menos afortunados, en sí misma. Este tipo tiene una versión religiosa que dice que se debe sufrir en la vida para gozar en la eternidad. Entre muchos otros tipos también podemos destacar la felicidad estética, muy frecuente en la actualidad y que reza que la felicidad está condicionada por la apariencia. No necesariamente se considera que la autoimagen es importante y en su lugar se considera que la imagen percibida de uno mismo en la sociedad es la que determina si se es o no feliz.

No es de extrañar que en nuestra sociedad la felicidad sea difícil de lograr si consideramos las anteriormente citadas circunstancias, pero no se está condenado a vivir de esta manera. Existen hace varios milenios en oriente y hace algunas décadas en occidente, corrientes ideológicas dedicadas a la vivencia de la plenitud en toda la experiencia humana, de la cual la felicidad es parte. Desde el Budismo hasta la mucho más reciente Psicología Positiva, parecen haber esperanzas para aquellos de nosotros que decidamos optar por nuestro bienestar y dedicarnos a ser felices.

En este comentario, deseo hacer manifiesta mi firme creencia en una frase que el Budismo Zen me regaló hace ya algunos años y que ha logrado influenciarme al punto de optar vocacionalmente por la felicidad.

-La felicidad no es el destino, es el camino- Allan Watts, The Way of Zen

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