Si asistimos a un seminario o conferencia cuyo tema nos resulta muy interesante o importante de conocer, lógicamente utilizaremos nuestra mano dominante para escribir y de esta manera registrar la mayor cantidad de información y detalle posibles. Sería bastante contraproducente, para fines del logro de nuestro objetivo, utilizar nuestra mano menos entrenada  ya que aunque pongamos nuestro mejor empeño, la habilidad y efectividad de esta mano no es la óptima. Debemos en todo caso, recurrir a la fortaleza o habilidad nuestra mano dominante para ser exitosos ante dicho reto, aunque reconozcamos que nuestra mano no dominante también debería tener la capacidad de realizar dicha labor. Por otra parte, si ante nosotros tenemos dos puertas, una que nos llevará a un aposento donde estarán nuestros amigos, sonará la música de nuestra predilección y otra serie de elementos que nos resultan agradables, además de actividades que nos son gratificantes, y por el contrario, la otra puerta nos lleva a un lugar colmado de elementos que consideramos desagradables o adversos, la opción sería obvia para la mayoría de las personas. También, si podemos escoger adonde vivir, por un lado en una comunidad que vive con valores, respeto por la vida, lealtad entre los habitantes, altruismo hacia los más necesitados y solidaridad, no habría razón aparente para optar por otro lugar en donde se vivan las condiciones contrarias. No siempre se puede escoger adonde vivir pero si se pueden implementar las condiciones positivas anteriormente descritas para lograr una mejor situación comunitaria.

Las circunstancias anteriormente descritas representan los pilares ideológicos  de una nueva propuesta en psicología que pretende el desarrollo pleno del ser humano mediante la identificación, vivencia y optimización de los rasgos positivos o fortalezas de cada individuo, y el cultivo y consolidación de instituciones sociales positivas como el respeto, la lealtad, el altruismo y la solidaridad, que promuevan el crecimiento y la plenitud en las personas. Se habla de la Psicología Positiva, una nueva corriente científica que propulsada por el Dr. Martin Seligman, destacado psicólogo estadounidense que durante su ejercicio como presidente de la Asociación Americana de Psicología, APA por sus siglas en Inglés, identificó la necesidad de ocupar a la psicología no solamente del malestar y el sufrimiento humano, sino primordialmente del desarrollo del potencial máximo de las personas. Esta intención  que si bien no es nueva en la psicología, se ha dejado de lado casi por completo desde la Segunda Guerra Mundial.

Según las investigaciones, las emociones positivas son primordialmente de dos tipos, las placenteras que son sensoriales y las gratificantes que se asocian a la realización de actividades deseadas. Por ejemplo, imágenes de gran belleza, un platillo delicioso, sensaciones táctiles estimulantes son todas emociones placenteras, mientras que hacer ejercicio, practicar un deporte, bailar, jugar o leer son actividades que resultan deseables por el valor intrínseco de su realización misma o por los resultados con los que se asocia. Es en todo caso cierto que la mayoría de las acciones humanas se orientan a la búsqueda del placer o a la evitación del dolor. También se ha encontrado que las personas en cualquier circunstancia, poseen rasgos positivos o fortalezas, según se han nombrado anteriormente, que les permiten enfrentar de forma más efectiva los retos que aparecen en sus vidas y desarrollarse hacia la plenitud, más allá de sus limitaciones. Este concepto propicia gran parte de las aplicaciones terapéuticas, pedagógicas y laborales de la Psicología Positiva, al modificarse el foco de atención de cualquier acercamiento profesional hacia aquello que es fuerte, está bien y es efectivo en la persona. Este cambio de foco, desde lo patológico hacia lo sano, potencia un empoderamiento general del organismo o sistema en sus rasgos definitorios más sólidos y que pueden soportar mejor un crecimiento o recuperación. La Psicología Positiva reconoce y atiende los aspectos o situaciones problemáticas pero sin hacerlas el eje central de la intervención, mismo que se le otorga a las potencialidades y áreas de mayor fortaleza. Es lógico entonces que si se trata de atender una dolencia o reparar un daño, la intervención se valga de las áreas fuertes que pueden apoyar el proceso. Por ejemplo, si nos fracturamos un dedo, será necesario entablillar este dedo a uno que esté sano o a la mano completa para que estos brinden apoyo en el proceso de recuperación. De igual manera, ante una enfermedad los doctores buscan la vía de administración de los medicamentos que permita una absorción más efectiva, tomando en cuenta las condiciones generales del organismo y valiéndose de las funciones corporales que estén intactas.

De acuerdo a este enfoque, una sociedad integrada por personas satisfechas, que viven emociones positivas consistentemente y que experimentan los beneficios de de sus rasgos positivos va a tender a desarrollar instituciones sociales más sólidas y positivas como algunas de las que ya se mencionan, además de la amistad, la familia y el amor.

Esta nueva propuesta cuenta con apenas doce años de existencia pero también con un cuerpo teórico impresionante en tamaño y relevancia, mismo que, con base en estos tres pilares, posee  hallazgos de suma importancia que pueden cambiar el enfoque general de la psicología hacia el bienestar humano y alterar el rumbo mismo de la sociedad. Cabe destacar que este abordaje no se trata del pensamiento positivo, la ley de la atracción, ni del flujo místico de las vibraciones positivas, aunque no las descarta como experiencias de la vida. Ha sido mediante investigación formal y rigor científico que se ha encontrado este cúmulo de datos que conforman una teoría todavía joven e inacabada, puede llegar a cambiar la forma en la que las personas vivimos y lograr la tan añorada felicidad.

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