Si se imagina una banda de producción por la que pasan miles de partes cada hora y la labor de las personas dispuestas a su largo es la de identificar y separar aquellas partes que no están bien construidas puede parecer ilógico que la primera persona en la linea de verificación abandone su puesto si una pieza se le escapa, para perseguirla a lo largo de la línea hasta lograr separarla del resto. Al abandonar su puesto, la carga de piezas defectuosas se recargaría en la segunda persona y si esta hiciera lo mismo, la carga en la tercera persona sería mucho mayor y la labor de toda la cadena podría colapsar. Si cada uno asume una parte de la carga y cumple con su labor cabalmente en el presente, la carga se puede distribuir más uniformemente hasta que la revisión sea completa.

De la misma manera, aquellos acontecimientos fallidos en nuestro pasado se dieron en un momento y luego las circunstancias siguieron adelante, dejando que quedara en el pasado. No podemos abandonar nuestra vida presente para perseguir los acontecimientos del pasado, mismos que no podemos ya resolver. En todo caso, dichos acontecimientos fallidos sirven de aprendizaje para lograr una mayor efectividad personal en el presente y en previsión de situaciones similares en el futuro. ¿Se puede evitar una inversión equivocada que ya se hizo? ¿Se puede cambiar la forma de comportarse en una relación que ya terminó? ¿Se pueden callar las palabras que ya se dijeron? La respuesta a cada una de las anteriores preguntas es no. Obviamente, dichos acontecimientos tienen consecuencias con las que sí se puede trabajar pero en el presente, y se pueden atender de la forma más efectiva.

De la misma forma, el futuro no ha sucedido, no sabemos si sucederá y como se señala en distintos materiales y resultados de investigaciones científicas, un altísimo porcentaje de los acontecimientos temidos o angustiantes acerca del futuro nunca se llegan a concretar. Es común que después de un largo y pormenorizado proceso de planificación, las condiciones previstas cambien y haya que improvisar cuando el momento presente es distinto a lo que se esperaba.

Podemos, en todo caso y de manera responsable, planificar lo que deseamos y como deseamos que ocurra pero no podemos controlar los resultados. No se invita al lector a asumir una actitud irresponsable con respecto a su futuro pero sí a pensar en este de manera libre y flexible. Sabiendo que se puede disponer lo que se desea y plantear metas pero en pocas oportunidades, las cosas ocurrirán exactamente como se querían.

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