Durante toda mi vida, me ha tocado escuchar a mis allegados comentarme sus dificultades, retos, sufrimientos, dolores y dudas existenciales. Alguien podría pensar que este es una especie de karma tétrico que me ha condena a vivir escuchando cosas negativas. Podría pensarse así, si yo, como lo hice por mucho tiempo, me permitiera involucrarme afectivamente en los problemas de esas personas y terminara peleando batallas ajenas. Sin embargo, esta virtud o vocación natural me ha permitido ver la senda de mi vida muy claramente, y me ha dado la experiencia necesaria para darme cuenta que dar rodeos sobre los problemas, concentrarse en ellos y enraizarse en la amargura de los errores o acontecimientos adversos, lejos de ayudar, suma ansiedad, dolor y energía a dichas situaciones.

Conozco el caso de una hermosa y noble señora que siendo una persona sumamente positiva, y altruista, decidió quedarse pegada en la muerte de su hijo, a quien todavía 18 años después de su muerte, lloraba todos los días. No se trata de olvidar, eso difícilmente se puede lograr y en realidad no es ni siquiera necesario. La vida que esta amable señora tuvo al lado de su hijo fue maravillosa en muchos sentidos y su muerte no necesariamente representa la ausencia definitiva de éste. Mientras se decida mantener un recuerdo lleno de amor y emociones positivas en el corazón, las personas siguen estando presentes. La muerte es inevitable, pero una relación se termina hasta la muerte del segundo y último miembro de la diada. Esta señora que ya descansa en paz, en su comunidad, era reconocida como un ángel. Siempre dedicada a saciar el hambre de sus congéneres, siempre con tiempo suficiente para atender su pequeño negocio de abarrotes y a la vez escuchar a todos los cientos de personas que desfilaron frente a ella para desahogarse, pedir ayuda y consejo. Una persona con una inteligencia social magnánima y que siempre supo transformar cualquier situación adversa en un momento de reflexión, distensión y humor. Ella logró de cierta forma vivir su pasión vocacional pero pudo haberla explotado de una manera mucho más constructiva para ella y para los demás, resolviendo posiblemente su duelo de manera más expedita y con menos sufrimiento.

He tenido la oportunidad de conocer personas que con una clara pasión vocacional, son coaccionados por sus propias familias a escoger una carrera universitaria que “si valga la pena”, que sea “de prestigio” o hasta que sea de “hombre”. Estos talentos y vocaciones son condiciones de personalidad que se gestan en los seres humanos desde muy temprano en la vida y que tienen un alto componente biológico. Por ejemplo, 30 años pasaron desde mi nacimiento hasta que conocí a mi padre y en ese punto, vine a darme cuenta que nos interesan cosas muy similares y que trabajamos en áreas comunes. Nos interesan las personas, el bienestar de éstas y que trabajamos ayudando a estas personas a encontrar sus mejores alternativas de vida y encontrar la felicidad.

Las condiciones de vida del sujeto, el momento histórico en el que transcurre su vida, sus experiencias y las oportunidades que aparecen en su camino determinan esa pasión vocacional que todos deberíamos buscar y aprovechar.  Si alguna vez nos encontramos con a una persona que está sistemáticamente insatisfecha con todos los aspectos de su vida, estamos ante una persona que se ha negado la vivencia de sus talentos o fortalezas personales y que consecuentemente no ha logrado identificar o seguir una pasión vocacional congruente consigo mismo, sus intereses, actitudes, aptitudes e inteligencias.

En muchos casos, las normas sociales que estructuran la vida de las personas, determinan las metas ideales en muchas de las esferas de experiencia de la persona. La vida profesional no escapa a esta regulación y en consecuencias con los valores de cada época, uno u otro campo profesional cobran relevancia como camino a el estado ideal definido por la cultura. En todo caso y aunque algunos campos profesionales se pongan de moda o reciban mayor reconocimiento y hasta dinero, las personas debemos optar por la sinceridad y la congruencia con nosotros mismos. Es importante anotar que los talentos y fortalezas no son rígidas tampoco, esas condiciones personales, aunque más fácilmente desarrollables en uno u otro campo se pueden desarrollar en cualquier labor humana y así se puede vivir una combinación efectiva de lo que gusta y lo que es necesario.

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