Desde que empecé a caminar, en lugar de manejar, a los distintos destinos a los que cotidianamente me dirijo, he aprendido a disfrutar esa magnífica destreza que la evolución nos deparó y que al parecer, recientemente ha recobrado adeptos a nivel mundial por sus múltiples beneficios en salud y estética. Me refiero a caminar, ese acto maravilloso de poner un pie frente al otro reiteradamente, impulsando mi cuerpo sinergicamente hacia adelante y los lados, según el camino me lo requiera.

Al principio, las 14 cuadras que debía recorrer desde la parada del autobus hasta el edifico de la Universidad en la que anteriormente laboraba, me resultaban un tanto pesadas. Mi peso corporal se manifestaba en el resentimiento que mis pies sentían cuando finalmente llegaba a mi oficina y lograba sentarme en mi tan añorada silla. Con los días, poco a poco, fui sintiendome mejor en la caminata y pronto, empecé a disfrutar del camnio y a añadir cuadras, bajandome antes del autobus y aprovechando el sol, la gente que veía en el camino, las distintas rutas, parques, estatuas y otras atracciones cotidianas de la ciudad. Por sobre todo, lo que más aprendí a disfrutar, fue la brisa fresca en mi cara, mientras avanzaba en mi ruta matutina.

Cada día, descubrí nuevas atracciones y bellezas de mi anteriormente tan repudiada capital, ahora, casi un año desde que transito de esta manera por los distintos puntos por los que me muevo y cada vez disfruto más de caminar y sentarme por unos minutos en un parque, disfruto de pasar a una cafetería por un cafesito negro, de detenerme a conversar con los vendedores ambulantes con el pretexto de comprar alguno de sus productos o preguntar por algo que no tienen y de saludar a todos los demás transeúntes que encuentro en mi camino con un Buenos Días sonoro y sincero que la mayor parte del tiempo produce sonrisas y respuesta igualmente cálidas.

En mi camino diario, puedo observar a los conductores de los miles de vehículos que abarrotan las calles. No parecen disfrutar tanto el camino como yo. Van serios, enojados, vociferando y golpeando las manivelas con sus puños mientras gritan improperios y se retan violentamente los unos a los otros. Se supone que la tecnología sirve para facilitar y mejorar la vida. Dadas las condiciones de proximidad, clima y seguridad ciudadana que nuestro país nos brinda, he tenido y tenemos todos la posibilidad de disfrutar de nuestro camino, todos los días y sobre nuestras propias piernas.

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