La simetría y la complementariedad son conceptos clínicos de la teoría de la comunicación, incorporados a la psicología sistémica, ya que describen como las personas interactuan como iguales o como desiguales y esto puede generar, en ambos casos, una serie de dificultades inter e intrapersonales. Cuando se interactua con pares o iguales, se tiende a entrar en una competencia o escalada en la que ambos interlocutores quieres quedar por encima o derrotar a su contraparte. Este tipo de lucha se da primordialmente entre iguales no realizados personalmente, que sienten amenazas en una relación en la que en apariencia hay igualdad y ninguno prevalece en poder sobre el otro.

Las relaciones entre distintos o relaciones complementarias, tienden a tener dificultades por abuso, ya que el individuo más poderoso tiende a imponer su opinión y deseos sobre el otro. De aquí podemos comprender las dinámicas de abuso de todo tipo, desde la corrupción del gobierno hasta el bullying, ya que el poder cumple el rol de organización social primitiva, como en las manadas de lobos.

Idealmente, los seres humanos deberíamos reconocernos en nuestras particularidades e interactuar sin sesgos jerárquicos que nos dividan pero en realidad, dicho proceder está programado genéticamente como mecanismo estructurante de las relaciones sociales y cumple la función de asignar el poder a algunos miembros para evitar el caos anárquico que puede conducir a la extinción total de la especie. Actualmente, el mecanismo de distribución del poder de la forma descrita, aunque todavía estructura nuestra sociedad, ya no es necesario, puesto que las personas tenemos o deberíamos de tener consiciencia del valor de la dinámica social y la interdependencia que mantenemos con los demás seres humanos y elementos del universo. Una posición más nivelada, de igualdad, respeto y cuidado mutuo se sobreviene como la única opción para evolucionar hacia un estado más adaptativo, productivo y hasta compatible con la vida.

Es difícil creer que pueda existir armonía si hay disparidad, también es difícil pensar que las personas podamos vivir en paz si nuestra meta es superar a los otros. Esta idea, ya ha sido propuesta por distintos modelos ideológicos en el pasado y con distintas consecuencias, desde el cristianismo hasta el comunismo, ha logrado un impacto en la humanidad, aunque en todos los casos, la idea original de igualdad y respeto mutuo se ha convertido en una escusa para la acumulación y enriquesimiento de algunos sectores. La solución, es el bienestar general, no esperar que los que más tienen donen sus excedentes, sino que la gente encuentre lo que la llena y se dedique a esto quitando del frente la vana idea de la riqueza ilimitada. En todo caso, quien se dedica a lo que verdaderamente lo realiza, puede ser un mucho mejor profesional y más productivo que el que trabaja por dinero.

Sí para mí quiero felicidad, amor, plenitud, bienestar y paz, no hay manera posible de llegar a este estado procurando tristeza, odio, pobreza y conflicto en los demás. Si se puede vivir en realización plena, se puede procurar esto en los demás sin que ello signifique que hay que tener todo el dinero del mundo.

Al ayudar a los demás, me ayudo a mi mismo.

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