¿A qué dedicaríamos nuestra vida si no tuviéramos que preocuparnos por el dinero, la opinión de los demás y creyéramos que no tenemos ninguna limitante en nuestra vida? La respuesta a esta pregunta puede plantear una realidad difícil de implementar inmediatamente, pero por lo general es clara. Muchos de nosotros sabemos cuales son aquellas actividades o causas a las que nos dedicaríamos si nuestras necesidades estuvieran cubiertas pero, ¿Qué nos impide dedicarnos a esa actividad o causa y por medio de esta, satisfacer nuestras necesidades?

He escuchado a muchas personas, en consulta y en las más diversas situaciones, manifestar que se dedicarían a una u otra cosa si no tuvieran que trabajar, estudiar, si no tuvieran obligaciones. En realidad, y aunque puede sonar utópico antes de considerarlo objetivamente, podemos efectivamente y mediante esfuerzos objetivos, llegar a dedicarnos profesionalmente a casi cualquier cosa. He escuchado a una persona decir, nostalgicamente, que si no tuviera que trabajar en el banco, se dedicaría a diseñar y confeccionar ropa, lo cual siempre había sido su sueño. No se trata de abandonar las obligaciones irresponsablemente pero si de reconocer lo que nos gratifica, interesa y llena nuestro sentido en la vida y enrumbarnos hacia esto. Si lo consideramos, esta es nuestra verdadera obligación con nosotros mismos y con Dios que nos ha dotado con una serie de talentos que debemos aprovechar, mismos que nos acercaran a nuestra realización y felicidad.

No nos permitamos llegar a la edad de retiro sin que nuestra vida haya sido provechosa y satisfactoria para nosotros mismos, más allá del salario y las garantías que un trabajo estable nos puede brindar, necesitamos sentirnos completos, plenos y orgullosos de haber vivido de acuerdo a nuestra vocación, a nuestra pasión. Dentro de los márgenes de la ley, cualquier ocupación es digna y si tenemos conciencia de nuestros talentos y fortalezas, proyectemos una vida en la que el trabajo sea una fuente de satisfacción y logro, el cansancio se asocie a una sonrisa de gratificación y podamos ver el resultado valioso y significante de nuestros esfuerzos.

Finalmente, consideremos que la carrera o el trabajo no es el que paga, sino la calidad profesional de la persona que ejecuta ese trabajo. Por más dedicados que seamos en la realización de un trabajo que no representa nuestros intereses, fortalezas, talentos y sentido, no podremos vivir este espacio al máximo, no seremos los mejores y de alguna manera estaremos cambiando tiempo y esfuerzo por dinero, mientras que si nos dedicamos a aquello que nos llena, cada instante en el trabajo será el mejor.

 

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