Un fenómeno bien conocido por las personas que trabajan en salud, particularme por aquellos que nos dedicamos a la salud mental, es el estrés secundario. Este tipo de estrés se puede definir como un meta-estrés en el cual las personas sufren de ansiedad y distintas manifestaciones adversas relacionadas al estrés por la preocupación que sienten por estresarse. Mas o menos funciona de la siguiente manera. Las personas preveen que la reunión a la que se dirigen puede ser muy intensa y generarles mucho estrés y entonces, la sola idea del estrés que sentirán, dispara una activación orgánica intensa y muy adversa. En realidad, estas personas no saben si la reunión será tensa, complicada, extendida o molesta pero la sola anticipación de estas condiciones dispara una respuesta ansiógena que altera su equilibrio, produciendo mucho malestar. Podría decirse que es una activación fantasma, en la que la sombra de la experiencia estresante genera por sí misma mucho estrés. Por ejemplo, es la reacción que puede tener un individuo cuando aflora la idea en su mente de que tendrá que abordar un ascensor para llegar a su destino, cuando los ascensores le producen mucha angustia o un miedo irracional. La sola idea del viaje en ascensor dispara la respuesta ansiógena.

Algunos homólogos de este tipo de activación, que llamamos estrés secundario, son el miedo a sentir miedo, el enojo ante la idea de enojarse, el sufrir anticipando un sufrimiento futuro. De todas formas y a través de todas estas manifestaciones vemos el poder del pensamiento que no requiere ni siquiera de la presencia del estímulo estresante para lograr una respuesta de intensidad considerable. La psicología cognitiva, llama a este mecanismo, una comunicación interna, misma que como su nombre lo dice, se da dentro del individuo y se corresponde con su experiencia. Por ejemplo, si sabemos que las reuniones con el jefe son estresantes, podemos anticipar esa condición y empezar a estresarnos sin saber si esta reunión en particular será igual, si el jefe asistirá, si tendrá el mismo impacto en nuestro bienestar que las anteriores han tenido. El mecanismo existe dada la capacidad de la mente humana de abstraerse con base en la experiencia y anticipar el futuro pero, ¿será que la anticipación que producimos es siempre realista, será que es lógica, funcional y positiva? ¿Podrá ser que la anticipación de un conflicto afecte nuestra actitud hasta ayudarnos a propiciar esa situación que desearíamos evitar?¿Puede ser que si anticipamos un resultado negativo estamos ayudando a que este ocurra? Distintas teorías dicen que nuestra actitud, en gran medida, predispone el resultado de los distintos acontecimientos de nuestra vida. Por ejemplo, si creemos que nuestra discusión con un compañero será adversa y este compañero nos ofenderá y faltará al respeto, puede que lleguemos a dicho espacio con una actitud agresiva o adversa que en realidad puede disparar el conflicto.

Si por el contrario, hacemos un esfuerzo deliberado y sistemático para esperar lo mejor, pensar que las personas van a comportarse a la altura de la situación, tenemos expectativas al menos neutrales acerca de la reunión, la conversación, la negociación o el evento, podemos al menos también no predisponer el resultado. Si creemos que disfrutaremos de una conversación con un compañero o subalterno, nuestro lenguaje corporal será más distendido, nuestra gesticulación más relajada y amena, nuestros intercambios más simples y tranquilos. Es posible que nuestra nueva actitud cambie el resultado en este escenario.

¿Por qué entonces no anticipar resultados positivos, felices, divertidos o placenteros? Si nos alegramos por la alegría que vamos a sentir, cada mañana y a cada momento, lenta y paulatinamente adquiriremos el hábito de anticipar positivamente y definitivamente lograremos ejercer una influencia positiva en nuestro entorno. Es de esperar que  pronto empecemos a experimentar sistemáticamente mejores condiciones y excelentes resultados en nuestra vida.

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