Pensemos en una visita al supermercado desde dos distintas perspectivas. En la primera, vamos con una lista, con una cantidad de dinero o presupuesto definido y un margen de tiempo. En la otra, decidimos entrar a un supermercado de visita ya que existen algunos artículos que necesitamos o queremos y vamos a buscar suerte en ese lugar.

Ambas situaciones, que la mayoría de nosotros ha experimentado, tienen dos resultados muy distintos. En el primer ejemplo tenemos una idea cara de lo que vamos a adquirir y nos vamos a dirigir exactamente a los pasillos y anaqueles que contienen dichos productos. En este caso es posible que encontremos lo que buscamos y hagamos cálculos de dinero y tiempo de acuerdo al plan que traemos con nosotros. Es posible que efectivamente logremos nuestro cometido y más o menos lleguemos a nuestra meta en compras, tiempo y dinero. La segunda situación permite otro tipo de logro. Podemos conocer de las ofertas, nuevos productos, observar a la gente, distendernos y hasta tener alguna conversación interesante. Es posible que aparte de los productos que buscamos, encontremos algo nuevo o aparezca alguna otra necesidad de camino.

Ambas situaciones, como hemos establecido, tienen resultados muy distintos y no necesariamente una es mejor que la otra. De la misma manera, en este caso, la visita en el supermercado es una metáfora de la vida y de la forma en la que podemos alternativamente tener momentos de control y planificación, y en otros, momentos de distensión y disfrute casual. No es necesario que las personas asumamos una de estas opciones como nuestro modo de vida, sin opción para la otra. Podemos inclusive variar nuestras estrategias de vida entre ambas polaridades buscando que alternativamente tengamos momentos en los que administramos cercana y detalladamente el avance de un proyecto, y otros momentos en los que podemos asumir una posición más relajada para dejar que las cosas pasen, inclusive dentro de ese mismo proyecto.

Esta combinación propuesta no es nueva. En realidad la mayoría de nosotros desea lograr una serie de metas de desarrollo y prosperidad, pensando en distendernos al final de dicho proceso, cuando llegue el retiro o la riqueza suficiente para no preocuparnos por los ingresos o los resultados. En realidad, ambas perspectivas pueden y deben combinarse cotidianamente para no caer en la rigidez o la desobligación, extremos patológicos de cada una de las posturas descritas respectivamente. Podemos en todo caso, tener momentos de control y momentos de distensión en una misma labor, en un mismo día, hasta en un mismo proyecto, siempre y cuando conservemos una idea clara de lo que deseamos lograr y sepamos aprovechar las oportunidades que tanto proveen el control como la distensión.

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