Category: Bienestar y Psicología Positiva


En el ser humano, el proceso de socialización inicia antes inclusive del nacimiento y desde etapas muy tempranas, previas a la venida al mundo, se reconocen distintos sonidos, espacios y voces.  Las voces de los padres son principalmente las más reconocidas y las que generan diversas reacciones psicoafectivas en el feto desde momentos tempranos de la gestación, logrando un impacto y estimulación de suma relevancia en el desarrollo y vida futura del ser humano. Es desde este momento, que el niño desarrolla la familiaridad hacia las personas de su entorno y las incorpora a su vida, en la frecuencia e intensidad en la que estas se presentan. Es desde este punto en el que el niño sabe que tiene almenos dos figuras importantes que lo acompañan en su vida, en los casos en los que cuentan con una figura paterna y otra materna, quienes serán parte de su vida en adelante.

Es improbable que, excepto mediante actos deliberados, un padre o una madre puedan abandonar ese vínculo hacia sus hijos, dado que inclusive en su ausencia se conserva el lazo bio psico social entre padres e hijos. Este vínculo no se disuelve a pesar de los deseos de ciertas corrientes ideológicas e instituciones sociales que promueven la separación sistemática de los niños, de sus figuras parentales. Son numerosos los casos en los que una persona, después de años de separación de una de sus figuras parentales, se encuentra con esta y retoma la relación, logrando restablecer el vínculo en algún nivel. Es sumamente interesante que aun cuando padres e hijos han sido separados previo al nacimiento o no tuvieron contacto con ellos en esa etapa, existe una tendencia a vincular entre estos individuos, que solo puede ser negada mediante el rechazo voluntario por parte de alguna de estas figuras. Esto es, se es padre e hijo, a pesar de la separación y solo se puede impedir el contacto mas no la relación, que al menos a nivel biológico permanece a lo largo del tiempo.

Lo que se busca establecer en estas líneas, es lo que Nelson Zicavo, psicólogo argentino experto en Síndrome de Alienación Parental, propone como la recomendación central contra ese mal social, “se acaba la pareja pero la familia no”. Zicavo propone la Crianza Compartida, en la que padre y madre, a pesar de no ser pareja, tienen un rol equitativo en la crianza y educación de sus hijos, que en las culturas más adelantadas puede traducirse inclusive en una distribución equitativa del tiempo de convivencia con los unos y las otras. Esta idea, tan lógica en apariencia, es fuertemente rechazada por la ideología machista que dice que los hijos pertenecen a las madres y que los padres cumplen con su responsabilidad, exclusivamente mediante el aporte de una cantidad de dinero.

Después de la separación o divorcio, nuevas condiciones modifican el estilo de vida de los antiguos cónyuges y de todos los involucrados en dicha dinámica familiar, directa o indirectamente. Se debe dar un reacomodo de la estructura, la dinámica, la vivienda, la economía, el contacto, mas no en la relación entre padres e hijos. Padre y madre ya no son cónyuges pero ambos siguen en sus roles hacia sus hijos. La crianza y responsabilidad parental ahora debe ser ejercida por ambos desde sus nuevas circunstancias de vida y todavía de manera colaborativa.

Ante la sabiduría de que estas relaciones parento-filiales seguirán existiendo a pesar de la separación, la opción racional y asertiva hacia los niños es la de garantizarles la conservación de sus derechos y deberes filiales hacia ambas figuras parentales y sus derechos humanos de libertad, respeto y familia, evitando convertirlos en “bienes gananciales” y tomando en cuenta que para los hijos, excepto mediante eventos de naturaleza adversa en relación a padre o madre, o mediante manipulación deliberada en contra de alguna de sus figuras parentales, papá y mamá seguirán siendo papá y mamá siempre.

Naturalmente, no se puede pretender que los hijos no extrañen, sufran la ausencia y hasta tengan repercusiones psicológicas a raíz de la salida de sus padres de su hogar y la reorganización de los tiempos y espacios de convivencia con estos. No se puede esperar que la euforia de la nueva soltería que experimentan las personas separadas, cuente como motivo para que los hijos acepten tranquilamente la separación de sus padres y abandonen el deseo de recuperar la estructura familiar y hasta el vínculo conyugal entre ellos, mismo que dio origen a sus vidas o al menos a sus estilos de vida. Se sabe que aún muchos años después, muchas personas desearían que sus padres vuelvan a ser pareja a pesar de que esto sea imposible y existan ya nuevas parejas. El bienestar de los niños será alterado invariablemente en una separación, a pesar de las posibles experiencias placenteras que los padres obtengan a raíz de este nuevo estatus civil y social. Con esto se establece que para muchas personas adultas, la separación propia o la de sus amigos, familiares, vecinos o allegados, puede ser un alivio y hasta una alegría, y esto, dependiendo de las circunstancias puede ser cierto para estos adultos, pero para los hijos, la separación o divorcio de sus padres es siempre una pérdida y representa un reto a elaborar y superar. En casos en los que la convivencia con un padre o una madre represente adversidades reales, es posible que los niños experimenten un alivio ante la salida de una figura adversa del hogar, pero a nivel emocional hay siempre una pérdida significativa.

En todo caso, los niños y su bienestar son influidos por el bienestar de sus padres pero no puede esperarse que no haya una conmoción a raíz de una separación, especialmente cuando los niños no han experimentado dificultades con sus padres, aunque la relación conyugal haya sido muy adversa entre la pareja. No es válido forzar u obligar a un niño a decir que se alegra de la disolución de la pareja, de la nueva soltería o de la salida del padre de la casa, dado que este es un juego de lealtad que puede sumir a un niño en una condición comprometedora de su bienestar emocional. El bienestar de los padres influirá en el de sus hijos, una vez que este bienestar sea real y se haya superado la etapa de ajuste y duelo por la separación, tanto en padres como en hijos. Se espera que padre y madre evolucionen hasta recuperar su nivel de bienestar y entonces, con mayor fortaleza, autonomía y satisfacción con su propia vida puedan influir mediante un modelaje efectivo en el bienestar de sus hijos, dejando atrás resentimientos y venganzas absurdas, en las que invariablemente se ven involucrados los menores.

Es un error común en estas condiciones, confundir placer con bienestar. Los círculos sociales y actividades a las que típicamente los ex cónyuges acceden posteriormente a su separación pueden ser muy placenteras pero no necesariamente representan un nivel de bienestar real y en su lugar muchas veces representan una fachada de alegría, entusiasmo, liberalidad que se evidencia mediante nuevas parejas, fiestas, paseos, actividades para adultos y otras. Es común también escuchar a una persona separada decir “mis hijos están bien porque yo estoy feliz”, haciendo alusión a las emociones placenteras producto de la separación y al supuesto impacto que dichas emociones deben tener en el nivel de bienestar de los niños, a los cuales inclusive se les manipula o coacciona a celebrar la separación y vivirla como un evento positivo, negando sus emociones de pérdida.

Ante una separación, los niños necesitan que se respeten sus emociones, derechos y voluntad de abstenerse de participar en una lucha de poder y lealtad entre sus padres. Su concepto de familia integrada cambia abruptamente a la de dos espacios familiares en los que sus dos padres, independientes en cuanto a su relación mutua, tienen ahora nuevas circunstancias de vida pero siguen compartiendo el lazo con sus hijos. La nueva estructura, la de crianza compartida, propone que esa nueva organización  contemple la relación de los hijos con ambos padres equitativamente, que ambos padres tengan la oportunidad de vincular en iguales calidades y cantidades con sus hijos y que los hijos tengan acceso ilimitado, frecuente y significativo con ambos padres. Esto es, aunque con menores diferencias circunstanciales, que el niño sienta que vive con ambos padres aunque estos no vivan juntos. El éxito en la restructuración de los nuevos espacios familiares es un insumo para el bienestar de los niños, mientras es sabido y comprobado que la separación no lo es. Tal vez un padre o una madre cree que mediante la adquisición forzosa de la “lealtad absoluta” de los hijos después de una separación y la obstrucción de la relación con el otro progenitor, se otorga un triunfo, equivalente a conservar la casa, el vehículo o bienes familiares, o bien logra ejecutar una afrenta vengativa exitosa contra su ex pareja. Dichas circunstancias solo demuestran una naturaleza irracional maladaptativa en intensiones y motivaciones, además de un pobre control de impulsos y el carácter agresivo de su comportamiento.

Es tarea de los padres separados, en cualquier caso, ayudar a sus hijos a entender la nueva forma que tiene su familia, propiciar una buena relación entre los niños y su otro progenitor, garantizarles el acceso y los recursos necesarios para su óptimo desarrollo físico, psicológico, social y espiritual, tareas para las cuales es importante contar con apoyo, perspectiva y dedicación de ambos padres, sus propias y posiblemente nuevas familias y los distintos actores sociales involucrados en el desarrollo de ciudadanos mejores y más adaptados.

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Los suburbios de la Ciudad de San José, son barrios antiguos, muchos de ellos originarios de la colonia y llenos de tradición, cultura y costumbres interesantes. Aunque los “ticos” contemporáneos estamos transculturizados ya y desde principios de los 80`s y con la estandarización del acceso a la televisión, nos consideramos a veces “Americanos” como los de las series y películas provenientes de USA, pretendiendo adaptar nuestra forma de vida y costumbres a aquellas “maravillosas cotidianidades” que hemos vist0 en la pantalla, generalmente incorporando las menos adecuadas e contraproducentes. Aún a pesar de este fenómeno algunas costumbres de fondo y personajes permanecieron y permanecen inalterables en el sistema sociocultural de nuestro país.

Paradojicamente, una de las costumbres más arraigadas de nuestra cultura, es la del cura español, que en muchas de las iglesias catolicas del pais, durante siglos enteros, reinó como valuarte de la fe católica. Muchas comunidades siempre tuvieron un cura español que a su vez era relevado por otro cura español que a su muerte o retiro era relevado por otra cura español por siglos enteros. Por esa tradición que habla del fenómeno de la conquista y colonización de America, otra transculturización a fin de cuentas, pude conocer al Padre Luis Martínez, un jesuita que a todos los que lo conocimos nos dio más de un ejemplo de vida.

El padre Luis Martínez ya era un adulto mayor cuando yo lo conocí. Un español que tras 40 años de vivir en Costa Rica, todavía conservaba su acento natal intacto, lección de identidad patria indiscutible, y que de manera humilde e incesante trabajaba todos los días para el desarrollo de la comunidad y la atención de los más necesitados. Este hombre magnífico que en su tan humana y accesible forma de ser, era a la vez una celebridad y un mito, nunca tuvo un automóvil, vivía la mayor parte del tiempo, con una cantidad de posesiones materiales que cabían en un baúl de tamaño mediano y regalaba cuanto regalo recibía, camisas, zapatos, colonias, efectivo a los más necesitados, en el acto.

Recuerdo una oportunidad en la que mi padre le regaló un par de zapatos, dado que había observado que los que andaba ya estaban rotos. Días después lo encontramos caminando en la acerca y traía los mismos zapatos rotos y al vernos inmediatamente se nos acercó a decir que los zapatos, se los había dado un vecino que lo había perdido todo en el incendio de su casa. Todavía recuerdo el momento en el que dijo “”… pues mira la suerte, calza lo mismo que yo…”

Este noble hombre, que según la mitología de nuestra comunidad no era únicamente noble de actitud sino también de linaje, construyó incontables casas para los más necesitados, dotó a los barrios del noreste de la comunidad con un colegio, con el que elevó el nivel de escolaridad de los pobladores en un porcentaje importante, haciendo accesible la educación secundaria para muchos jóvenes que habrían optado por abandonar el sistema educativo prematuramente.

Mi padre siempre puso solidariamente su vehículo al servicio del padre Luis, en las noches y fines de semana en los que pudo hacerlo y acompañándolo pude escuchar tantas sabias conversaciones y aportes de este noble señor, además de su mística y genialidad social. En alguna oportunidad, el padre Luis Martínez dijo una frase que luego escuché en otros contextos pero que sin embargo, en esa oportunidad y viniendo de una persona que era el vivo ejemplo de dicho adagio, la frase tuvo un impacto superior en mi forma de pensar. Don Luis dijo “… ustedes saben, si uno no vive para servir, entonces no sirve para vivir” y así este magno hombre creo consciencia en esta comunidad de la importancia de dar, de ser solidario y de servir a los demás, demostrando a la vez que el recibir no es tan imprescindible como lo creemos.

Analizando, años después, el proceder del padre Luis, me doy cuenta que debió ser una persona sumamente feliz dado que dedicaba la totalidad de su tiempo a hacer lo que más lo gratificaba personalmente, servir. Estaba absolutamente comprometido con el bienestar de los demás y vivía ese compromiso exponencialmente ante los distintos retos que se le presentaron en esta comunidad. Su vida tenía un sentido claro y el trabajaba siempre de acuerdo a este sentido, priorizando cabalmente hacia este sentido. Sus relaciones interpersonales eran muy significativas dado que siempre vivía rodeado de la gratitud y las muestras de aprecio de la gente, además de la colaboración y admiración de los que podía ayudar a la comunidad a través de él. Finalmente y aunque esto era de lo que él menos hablaba, su lista de logros no era para nada escueta o limitada, creyéndose en la comunidad que el padre Luis solo recibió reconocimiento por una fracción pequeña de sus logros.

Su caracter sin embargo no era el más afable, en realidad aunque se le podía observar momentos de humor y trato liviano hacia los demás, su actitud era más bien sería y no fueron pocos los feligreses que recibieron fuertes reprimendas por sus actitudes irresponsables o negligentes  y hasta consecuencias severas como la separación de un padre alcoholico y agresivo de su familia, a quienes el padre Luis retiró de su domicilio para reubicarlos en un espacio que acondicionó para ese fin, detrás de la iglesia.

Este gran hombre, nos revela en su proceder un ejemplo consistente de bienestar, tanto personal como social. Nos indica el camino para vivir vidas plenas y significativas más allá de nuestras posesiones materiales. Como la del padre Luis, una vida dedicada a algo que tenga sentido y que se pueda medir, a pesar de la orientación religiosa, en el bienestar de una comunidad, en el desarrollo de sus miembros, en la alegría de los niños, en el cese del sufrimiento, debe ser una vida llena de satisfacciones y digna de imitar a diferencia de algunas de esas vidas, superficiales y vacías, que hemos visto en la pantalla y que nos han seducido por mucho tiempo ya, afectando nuestra sociedad hasta alcances inimaginables todavía.

Pensemos en una visita al supermercado desde dos distintas perspectivas. En la primera, vamos con una lista, con una cantidad de dinero o presupuesto definido y un margen de tiempo. En la otra, decidimos entrar a un supermercado de visita ya que existen algunos artículos que necesitamos o queremos y vamos a buscar suerte en ese lugar.

Ambas situaciones, que la mayoría de nosotros ha experimentado, tienen dos resultados muy distintos. En el primer ejemplo tenemos una idea cara de lo que vamos a adquirir y nos vamos a dirigir exactamente a los pasillos y anaqueles que contienen dichos productos. En este caso es posible que encontremos lo que buscamos y hagamos cálculos de dinero y tiempo de acuerdo al plan que traemos con nosotros. Es posible que efectivamente logremos nuestro cometido y más o menos lleguemos a nuestra meta en compras, tiempo y dinero. La segunda situación permite otro tipo de logro. Podemos conocer de las ofertas, nuevos productos, observar a la gente, distendernos y hasta tener alguna conversación interesante. Es posible que aparte de los productos que buscamos, encontremos algo nuevo o aparezca alguna otra necesidad de camino.

Ambas situaciones, como hemos establecido, tienen resultados muy distintos y no necesariamente una es mejor que la otra. De la misma manera, en este caso, la visita en el supermercado es una metáfora de la vida y de la forma en la que podemos alternativamente tener momentos de control y planificación, y en otros, momentos de distensión y disfrute casual. No es necesario que las personas asumamos una de estas opciones como nuestro modo de vida, sin opción para la otra. Podemos inclusive variar nuestras estrategias de vida entre ambas polaridades buscando que alternativamente tengamos momentos en los que administramos cercana y detalladamente el avance de un proyecto, y otros momentos en los que podemos asumir una posición más relajada para dejar que las cosas pasen, inclusive dentro de ese mismo proyecto.

Esta combinación propuesta no es nueva. En realidad la mayoría de nosotros desea lograr una serie de metas de desarrollo y prosperidad, pensando en distendernos al final de dicho proceso, cuando llegue el retiro o la riqueza suficiente para no preocuparnos por los ingresos o los resultados. En realidad, ambas perspectivas pueden y deben combinarse cotidianamente para no caer en la rigidez o la desobligación, extremos patológicos de cada una de las posturas descritas respectivamente. Podemos en todo caso, tener momentos de control y momentos de distensión en una misma labor, en un mismo día, hasta en un mismo proyecto, siempre y cuando conservemos una idea clara de lo que deseamos lograr y sepamos aprovechar las oportunidades que tanto proveen el control como la distensión.

Muchas veces esperamos hasta que una situación está en muy mal estado, cómo una relación, o falta poco tiempo para que deba dar resultados, como un proyecto, para dedicarnos al 100% a la labor de obtener resultados positivos. En estas condiciones que muchas veces nosotros mismos propiciamos pero que también se dan naturalmente, es lógico que se haga un esfuerzo monumental para salir adelante con la meta y también es lógico que dicho esfuerzo se acompañe con una carga importante de ansiedad que puede causarnos angustia.

La angustia es la sensación de malestar más frecuente en las personas y se caracteriza por un malestar subjetivo generalizado que genera dolor a nivel cognitivo, emocional, físico y social. Se asocia al temor a una amenaza y tiene manifestaciones fisiológicas que pueden inclusive ser peligrosas para la vida como aumento en el ritmo cardíaco, temblores, sudoración excesiva, falta de aire y opresión en el pecho. La angustia es un mecanismo natural del organismo que responde a ciertas condiciones como señal de alarma ante el peligro y potencia reacciones del tipo fight or flight, de huida o pelea, pero también puede dispararse por amenazas subjetivas, irracionales e irreales.

Las personas que asocian, por condicionamiento a lo largo de sus vidas, por aprendizaje social o cualquier otro mecanismo, que el esfuerzo conlleva ansiedad y angustia, posiblemente también asocien el trabajo con un estado similar por lo cual, pueden considerar que la meta de sus vidas es llegar a “no tener que trabajar”. Este enunciado y otros asociados es bastante frecuente entre las personas, y primordialmente entre aquellas que no se realizan en sus ocupaciones por múltiples razones que en esta publicación no comentaremos pero que hemos tratado antes y trataremos próximamente.

La fase de neo-hedonismo, que actualmente vivimos promueve también valores de mínimo esfuerzo, riqueza fácil, vida dedicada al ocio y placer artificial… lógicamente, vemos a muchos jóvenes escoger las carreras que “más pagan”, son más sencillas o conllevan menos esfuerzo, dejando de lado sus pasiones vocacionales e intereses personales. De ahí que las personas, cuando enfrentan el mundo laboral con todos sus retos, reiteran la asociación entre esfuerzo y angustia. La meta es que todo sea fácil y no que todo sea gratificante…

De todas formas, las personas que encuentran sus pasiones vocacionales y siguen sus rumbos profesionales, logran ver la diferencia entre esfuerzo y angustia, dado que la vivencia del trabajo se vuelve absolutamente gratificante y hasta placentera y la angustia vuelve a su función natural de alertar acerca de amenazas y proteger la vida.

No es posible llenar un vaso que ya está lleno. Cualquier intento de llenar un espacio que ya está atiborrado es inútil y frustrante dado que el resultado será o la imposibilidad plena o el desorden máximo que se produce cuando se trata de mantener lo que ya existe e incorporar cosas nuevas.

Sea física o emocionalmente, un espacio lleno no se puede llenar sin expandir el espacio o sacar algunas de las cosas que ya existen en el. Se sabe que la mente no tiene límites en su capacidad de almacenamiento pero la atención y la concentración sí tienen un límite, mas bien corto o reducido. Todos hemos visto closets, gavetas, bodegas, cajones o alacenas llenas a más no poder con todo tipo de prenda, objeto, parte, pieza, envoltorio, papel, que las personas que tienden a este tipo de acumulación compulsiva llaman “recuerdo” y conservan por su valor sentimental o supuesta utilidad práctica proyectada en el tiempo, por si algún día se ocupa. Este es un tema por sí mismo y no se pretende ahondar en la acumulación compulsiva pero dicha condición es un reflejo de un estado afectivo igualmente peligroso, la acumulación de emociones negativas, rencores, recuerdos dolorosos, relaciones fallidas, traiciones, mentiras y demás. Inclusive, algunas personas que no tienden a la acumulación material sí tienen dificultades en la eliminación saludables de los eventos pasados.

Si se debe guardar, se debe guardar lo que en realidad sirve, lo que verdaderamente representa un logro o triunfo en la vida, las emociones, recuerdos y relaciones que han sido positivas en nuestra vida. Por lo demás, debemos aprender a botar todo aquello que no es constructivo, positivo o edificante.

Revisemos la forma en la que guardamos y la cantidad y calidad de vacío que nos permitimos. De la misma forma en la que podemos llenar un vaso vacío con lo que queramos, podemos utilizar un margen sano de vacío en nuestra mente, en nuestras emociones y en nuestra vida en general.

Un fenómeno bien conocido por las personas que trabajan en salud, particularme por aquellos que nos dedicamos a la salud mental, es el estrés secundario. Este tipo de estrés se puede definir como un meta-estrés en el cual las personas sufren de ansiedad y distintas manifestaciones adversas relacionadas al estrés por la preocupación que sienten por estresarse. Mas o menos funciona de la siguiente manera. Las personas preveen que la reunión a la que se dirigen puede ser muy intensa y generarles mucho estrés y entonces, la sola idea del estrés que sentirán, dispara una activación orgánica intensa y muy adversa. En realidad, estas personas no saben si la reunión será tensa, complicada, extendida o molesta pero la sola anticipación de estas condiciones dispara una respuesta ansiógena que altera su equilibrio, produciendo mucho malestar. Podría decirse que es una activación fantasma, en la que la sombra de la experiencia estresante genera por sí misma mucho estrés. Por ejemplo, es la reacción que puede tener un individuo cuando aflora la idea en su mente de que tendrá que abordar un ascensor para llegar a su destino, cuando los ascensores le producen mucha angustia o un miedo irracional. La sola idea del viaje en ascensor dispara la respuesta ansiógena.

Algunos homólogos de este tipo de activación, que llamamos estrés secundario, son el miedo a sentir miedo, el enojo ante la idea de enojarse, el sufrir anticipando un sufrimiento futuro. De todas formas y a través de todas estas manifestaciones vemos el poder del pensamiento que no requiere ni siquiera de la presencia del estímulo estresante para lograr una respuesta de intensidad considerable. La psicología cognitiva, llama a este mecanismo, una comunicación interna, misma que como su nombre lo dice, se da dentro del individuo y se corresponde con su experiencia. Por ejemplo, si sabemos que las reuniones con el jefe son estresantes, podemos anticipar esa condición y empezar a estresarnos sin saber si esta reunión en particular será igual, si el jefe asistirá, si tendrá el mismo impacto en nuestro bienestar que las anteriores han tenido. El mecanismo existe dada la capacidad de la mente humana de abstraerse con base en la experiencia y anticipar el futuro pero, ¿será que la anticipación que producimos es siempre realista, será que es lógica, funcional y positiva? ¿Podrá ser que la anticipación de un conflicto afecte nuestra actitud hasta ayudarnos a propiciar esa situación que desearíamos evitar?¿Puede ser que si anticipamos un resultado negativo estamos ayudando a que este ocurra? Distintas teorías dicen que nuestra actitud, en gran medida, predispone el resultado de los distintos acontecimientos de nuestra vida. Por ejemplo, si creemos que nuestra discusión con un compañero será adversa y este compañero nos ofenderá y faltará al respeto, puede que lleguemos a dicho espacio con una actitud agresiva o adversa que en realidad puede disparar el conflicto.

Si por el contrario, hacemos un esfuerzo deliberado y sistemático para esperar lo mejor, pensar que las personas van a comportarse a la altura de la situación, tenemos expectativas al menos neutrales acerca de la reunión, la conversación, la negociación o el evento, podemos al menos también no predisponer el resultado. Si creemos que disfrutaremos de una conversación con un compañero o subalterno, nuestro lenguaje corporal será más distendido, nuestra gesticulación más relajada y amena, nuestros intercambios más simples y tranquilos. Es posible que nuestra nueva actitud cambie el resultado en este escenario.

¿Por qué entonces no anticipar resultados positivos, felices, divertidos o placenteros? Si nos alegramos por la alegría que vamos a sentir, cada mañana y a cada momento, lenta y paulatinamente adquiriremos el hábito de anticipar positivamente y definitivamente lograremos ejercer una influencia positiva en nuestro entorno. Es de esperar que  pronto empecemos a experimentar sistemáticamente mejores condiciones y excelentes resultados en nuestra vida.


Mucho se ha argumentado acerca de las tecnologías de información y comunicación y como supuestamente estas tienden a aislar a las personas en sus mundos personales, impidiendo que interactúen satisfactoriamente con los demás. Se teme que los jóvenes nacidos después de 1980, hayan emprendido un camino sin retorno hacia la distancia social definitiva y que al igual que en la película Wall-E, la humanidad llegué a un punto en el que cualquier intercambio personal será mediatizado por las computadoras y otros artefactos tecnológicos que impedirán el contacto real. A estos temores y fatalismos producto de la inercia mental de las generaciones mayores, se les deben cuestionar con algunas de las siguientes consideraciones.

Nada en sí mismo es bueno o malo y todo depende de la interpretación que se le dé. No digo que el crime, el hambre la pobreza y otros fenómenos sociales puedan ser buenos pero sí que existen alternativas para comprender el fenómeno humano de forma más positiva, antes de llegar a síntomas extremos como los mencionados. Si bien es cierto que los aparatos tecnológicos requieren de nuestra atención y energía para que cumplan con sus funciones, es el uso que se le dé a esos aparatos el que determina el impacto que tienen en la vida de las personas. Es cierto que al digitar un mensaje de texto o correo electrónico dificilmente podré mantener una conversación en persona con otro ser humano, también es cierto que dichas tecnologías me permiten mantener intercambios con muchas personas en muchos lugares del mundo. De acuerdo con que ninguna máquina puede dar un abrazo como lo daría una persona, pero el balance en este caso es el que define el éxito de relaciones interpersonales cercanas o distantes.

Es mi costumbre, de vez en cuando, escribir un mensaje positivo a mis allegados, aveces colectivamente y aveces individualmente, en los que les digo porque los aprecio, los admiro, les agradezco, hago mención de sus principales fortalezas y mejores características, de acuerdo a mi percepción. No necesito un motivo en particular más que el deseo de “alegrarle el día” a alguien que sé que lo apreciará. En realidad, de acuerdo a las propuestas de la Psicología Positiva, hacer felices a los demás deliberadamente es una actividad que genera mucha felicidad en las personas. Cuando se hace un esfuerzo consiente por darle un momento de alegría a otra persona, haciendo uso de nuestros recursos y habilidades, el resultado es un incremento importante en el nivel de bienestar subjetivo de los involucrados. Algunas corrientes ideológicas y hasta religiosas identifican el acto de dar como el más gratificante y como el precursor del recibir en una dinámica de intercambio. De esta manera, si doy felicidad, en este caso mediante la comunicación mediada por la tecnología, es muy posible que eso reciba a cambio.

Como es costumbre en el ser humano, y principalmente en Costa Rica, todo lo nuevo es visto con recelo y acusado de ser satánico o causar cáncer, por otra parte, todo lo nuevo es percibido por sus amenazas o repercusiones negativas. De esta manera, una corriente de pensamiento considera que un niño frente a una computadora con acceso a Internet, es una bomba de tiempo que degenererá invariablemente en perversiones sexuales, consumo de drogas, crimen, secuestro y la muerte, o mucho peor. Se pasan por alto todas las maravillosas oportunidades que existen para que los niños y jóvenes aprovechen esta herramienta para desarrollar sus intereses, obtener emociones positivas, interactuar con modelos sociales positivos y desarrollar redes de contactos que los acompañaran y protegerán a lo largo de sus vidas, muy probablemente hacia su realización personal. Además, la comunicación es una constante en la vida de las personas y no se puede evitar en ningún momento, de acuerdo a uno de los axiomas de la comunicación de Paul Watzlawick y es importante entonces, optimizar la calidad y rumbo de dicha comunicación, más que impedirla o dificultarla. Por ejemplo, la Internet se puede utilizar para desarrollar un camino claro hacia el sentido de la propia vida y puede ayudar a desarrollar en compromiso personal de niños y jóvenes hacia un campo particular del conocimiento.

La guía que se haga de la utilización de este tipo de herramientas, es la que determina que impacto tendrá en la vida de los niños. Una de las formas más apropiadas para guiar efectivamente a los menores hacia su aprovechamiento de esta oportunidad es el modelaje que los adultos hagan con su propia utilización de estas tecnologías.

¿A qué dedicaríamos nuestra vida si no tuviéramos que preocuparnos por el dinero, la opinión de los demás y creyéramos que no tenemos ninguna limitante en nuestra vida? La respuesta a esta pregunta puede plantear una realidad difícil de implementar inmediatamente, pero por lo general es clara. Muchos de nosotros sabemos cuales son aquellas actividades o causas a las que nos dedicaríamos si nuestras necesidades estuvieran cubiertas pero, ¿Qué nos impide dedicarnos a esa actividad o causa y por medio de esta, satisfacer nuestras necesidades?

He escuchado a muchas personas, en consulta y en las más diversas situaciones, manifestar que se dedicarían a una u otra cosa si no tuvieran que trabajar, estudiar, si no tuvieran obligaciones. En realidad, y aunque puede sonar utópico antes de considerarlo objetivamente, podemos efectivamente y mediante esfuerzos objetivos, llegar a dedicarnos profesionalmente a casi cualquier cosa. He escuchado a una persona decir, nostalgicamente, que si no tuviera que trabajar en el banco, se dedicaría a diseñar y confeccionar ropa, lo cual siempre había sido su sueño. No se trata de abandonar las obligaciones irresponsablemente pero si de reconocer lo que nos gratifica, interesa y llena nuestro sentido en la vida y enrumbarnos hacia esto. Si lo consideramos, esta es nuestra verdadera obligación con nosotros mismos y con Dios que nos ha dotado con una serie de talentos que debemos aprovechar, mismos que nos acercaran a nuestra realización y felicidad.

No nos permitamos llegar a la edad de retiro sin que nuestra vida haya sido provechosa y satisfactoria para nosotros mismos, más allá del salario y las garantías que un trabajo estable nos puede brindar, necesitamos sentirnos completos, plenos y orgullosos de haber vivido de acuerdo a nuestra vocación, a nuestra pasión. Dentro de los márgenes de la ley, cualquier ocupación es digna y si tenemos conciencia de nuestros talentos y fortalezas, proyectemos una vida en la que el trabajo sea una fuente de satisfacción y logro, el cansancio se asocie a una sonrisa de gratificación y podamos ver el resultado valioso y significante de nuestros esfuerzos.

Finalmente, consideremos que la carrera o el trabajo no es el que paga, sino la calidad profesional de la persona que ejecuta ese trabajo. Por más dedicados que seamos en la realización de un trabajo que no representa nuestros intereses, fortalezas, talentos y sentido, no podremos vivir este espacio al máximo, no seremos los mejores y de alguna manera estaremos cambiando tiempo y esfuerzo por dinero, mientras que si nos dedicamos a aquello que nos llena, cada instante en el trabajo será el mejor.

 

En la vida, nos hemos acostumbrado a pensar en la felicidad como un premio que asociado al logro de ciertas metas. La mayoría de nosotros esperamos que la felicidad llegue después de, por medio de, hasta que, postergando infinitamente la vivencia de una de las condiciones naturales más importantes que tenemos para vivir y aprovechar la vida al máximo.

Haciendo un recuento, la felicidad se ha postergado tantas veces que muchas personas pierden el interés en ella o deciden finalmente vivir sin esperanza de ser felices, cuando en realidad la felicidad, aunque hay que construirla, está a nuestra disposición aquí y ahora. Imaginemos que somos estudiantes que consideran que cuando se graduen serán felices, luego de graduados, esperan ser felices cuando encuentren un buen trabajo, luego cuando obtengan mejores ingresos, luego cuando sean promovidos a un mejor puesto, luego pretenden ser felices cuando se resuelvan todos los problemas y luego cuando se jubilen. Finalmente, estas personas que pudieron ser felices como estudiantes en un principio, esperan ser felices cuando mueran.

El día de hoy, que es en realidad el único que tenemos, nos brinda una inmensa cantidad de oportunidades para vivir felizmente por medio de las experiencias que nos son placenteras, de las actividades que nos resultan satisfactorias, de las causas con las que nos podemos comprometer y con toda oportunidad de avanzar en el sentido de nuestra vida.

Se debe esclarecer que esta manera de ser felices no significa abandonar nuestras responsabilidades o dedicarnos al hedonismo o búsqueda obsesiva por el placer, sino de aprovechar la vida con sus ventajas y dificultades de manera positiva.

Es común escuchar a muchas personas referirse a su trabajo, obligaciones cotidianas, estudio, relaciones familiares, entre otros aspectos de la vida en términos de sacrificio como “males necesarios” o condenas. Muchos de nosotros inclusive, voluntariamente buscamos situaciones adversas, negativas, corrosivas y hasta potencialmente letales, como forma de vida y mecanismos para lograr nuestras metas de felicidad, misma que alejamos con cada nuevo sufrimiento que enfrentamos. Para ejemplificar esto, un persona puede someterse a una dinámica de violencia doméstica con la creencia de que si tolera esta situación, podrá tener una familia perfecta que la hará muy feliz. De la misma manera, una persona puede dejar de comer para ser bella, de forma que la gente la quiera y así ser feliz. En realidad, ambos casos denotan una postergación patológica del derecho a ser felices que estos sujetos tienen. La perfección que se persigue en el primer caso es muy esquiva, ya que no existe, y la persona podría mediante una mejor situación de vida, sentirse mejor y vivir felizmente si solo pusiera su felicidad como una prioridad. La otra persona podría mediante actividades deportivas que le resulten gratificantes, lograr una mejor apariencia, mejor autoestima y un nuevo entendimiento de que ser querida no depende de su imagen, ya que en el desarrollo de dicha actividad experimentaría mejores emociones y posiblemente, relaciones sociales más satisfactorias.

Ser felices es una decisión que necesitamos tomar cada día y convertir en una prioridad. Muchas de las actividades de nuestra cotidianidad puede que nos resulten adversas y no se sugiere que se abandone todo aquello que es displacentero, especialmente cuando las satisfacción de nuestras necesidades básicas y posiblemente las de nuestra familia dependen de ellas, pero si se insta al lector a encontrar la forma de disfrutar de dichas actividades, transformar su actitud y encontrar elementos que puedan mejorar la experiencia y si resulta necesario, decidirse a hacer un cambio positivo en la vida, para experimentar un bienestar subjetivo más contundente en el día a día.

La simetría y la complementariedad son conceptos clínicos de la teoría de la comunicación, incorporados a la psicología sistémica, ya que describen como las personas interactuan como iguales o como desiguales y esto puede generar, en ambos casos, una serie de dificultades inter e intrapersonales. Cuando se interactua con pares o iguales, se tiende a entrar en una competencia o escalada en la que ambos interlocutores quieres quedar por encima o derrotar a su contraparte. Este tipo de lucha se da primordialmente entre iguales no realizados personalmente, que sienten amenazas en una relación en la que en apariencia hay igualdad y ninguno prevalece en poder sobre el otro.

Las relaciones entre distintos o relaciones complementarias, tienden a tener dificultades por abuso, ya que el individuo más poderoso tiende a imponer su opinión y deseos sobre el otro. De aquí podemos comprender las dinámicas de abuso de todo tipo, desde la corrupción del gobierno hasta el bullying, ya que el poder cumple el rol de organización social primitiva, como en las manadas de lobos.

Idealmente, los seres humanos deberíamos reconocernos en nuestras particularidades e interactuar sin sesgos jerárquicos que nos dividan pero en realidad, dicho proceder está programado genéticamente como mecanismo estructurante de las relaciones sociales y cumple la función de asignar el poder a algunos miembros para evitar el caos anárquico que puede conducir a la extinción total de la especie. Actualmente, el mecanismo de distribución del poder de la forma descrita, aunque todavía estructura nuestra sociedad, ya no es necesario, puesto que las personas tenemos o deberíamos de tener consiciencia del valor de la dinámica social y la interdependencia que mantenemos con los demás seres humanos y elementos del universo. Una posición más nivelada, de igualdad, respeto y cuidado mutuo se sobreviene como la única opción para evolucionar hacia un estado más adaptativo, productivo y hasta compatible con la vida.

Es difícil creer que pueda existir armonía si hay disparidad, también es difícil pensar que las personas podamos vivir en paz si nuestra meta es superar a los otros. Esta idea, ya ha sido propuesta por distintos modelos ideológicos en el pasado y con distintas consecuencias, desde el cristianismo hasta el comunismo, ha logrado un impacto en la humanidad, aunque en todos los casos, la idea original de igualdad y respeto mutuo se ha convertido en una escusa para la acumulación y enriquesimiento de algunos sectores. La solución, es el bienestar general, no esperar que los que más tienen donen sus excedentes, sino que la gente encuentre lo que la llena y se dedique a esto quitando del frente la vana idea de la riqueza ilimitada. En todo caso, quien se dedica a lo que verdaderamente lo realiza, puede ser un mucho mejor profesional y más productivo que el que trabaja por dinero.

Sí para mí quiero felicidad, amor, plenitud, bienestar y paz, no hay manera posible de llegar a este estado procurando tristeza, odio, pobreza y conflicto en los demás. Si se puede vivir en realización plena, se puede procurar esto en los demás sin que ello signifique que hay que tener todo el dinero del mundo.

Al ayudar a los demás, me ayudo a mi mismo.